Uso clínico de las biguanidas en pacientes con diabetes

Las biguanidas tienen indicaciones especiales en la clínica.

I. En los fallos secundarios con las sulfodrogas hipoglucemiantes. En este caso se efectúa una terapéutica asociada de biguanidas y sulfodrogas. Sólo si ésta fracasa se pasa a la insulina. La dosis a emplearse es la que corresponde a cada producto. Por ejemplo, 500-750 mg de clorpro-pamida y 100-200 mg de DBI.

II. En los diabéticos insulinodependientes, ( vía remediosparaladiabetes.net/)por lo general diabéticos juveniles, con glucemias inestables y alto requerimiento insulínico. Las biguanidas tienden a disminuir las bruscas oscilaciones diarias de la glucemia, y en ocasiones evitan tener que efectuar una doble o triple inyección, tan temida por el enfermo. Conviene hacer un perfil diario con cuatro determinaciones de glucosuria antes de cada comida. Se indica el DBI en el momento de mayor glucosuria.

Cuando no existe inestabilidad de la glucemia en los diabéticos juveniles, la indicación del DBI es más controvertida. Como no puede reemplazar totalmente a la insulina, es necesario la administración permanente de esta última no teniendo, a los efectos prácticos, para el diabético mayor ventaja, administrar 50 unidades de insulina más DBI, que 80 unidades sin DBI.

III. En los diabéticos insulinoindependientes obesos. En este caso las biguanidas reemplazan con utilidad a las sulfodrogas. Al no provocar la secreción de insulina endógena de la célula beta, se obtiene menor acción lipogénica y, por lo tanto, mayor facilidad para disminuir el tejido adiposo. Otros autores atribuyen el buen éxito de las biguanidas en el tratamiento de los diabéticos obesos a la acción anorexígeno del DBI.

En los demás casos de diabéticos insulinoindependientes, sin obesidad, las sulfodrogas hipoglucemiantes son de elección. Las biguanidas tienen similar acción hipoglucemiante pero, por sus efectos secundarios, son menos positivas y, según KRALL, es necesario interrumpir el tratamiento en aproximadamente el 13 % de los casos.

El objeto de la concupiscencia

enamorarseAl considerar la persona que despierta nuestra libido surge una cuestión básica: ¿es de sexo complementario el objeto de nuestra concupiscencia o acaso de nuestro propio sexo? La orientación sexual depende, en primer lugar, del propio sexo; éste no se refleja únicamente en los órganos genitales, sino también en el cerebro. A este respecto, desempeñan un papel decisivo las hormonas, las sexuales en particular. Mucho antes de la pubertad, las hormonas se ocupan de que se desarrollen con características predominantemente masculinas o femeninas no sólo nuestros órganos sexuales, sino también partes de nuestro cerebro.

Ya antes del parto acontecen fenómenos decisivos. Durante el primer tercio del embarazo de un feto genéticamente masculino le llegan al cerebro minúsculas cantidades de testosterona, hormona sexual que influye en el desarrollo del encéfalo. En numerosas zonas cerebrales hallamos receptores muy sensibles de hormonas. En el hipotálamo sobre todo se alojan los receptores de hormonas responsables de la determinación sexual. Si la testosterona puede desplegar toda su efectividad en la crítica fase prenatal, el cerebro es masculino; sin esta hormona, se desarrolla un cerebro femenino.

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El amor, el embelesamiento y mucho más

como seducir a una mujerEl amor, que nos coloca al borde de la desesperación o nos traspone a un estado de embelesamiento, constituye inagotable fuente clásica de inspiración para artistas y poetas. Pero no debemos olvidar que se halla, también, en el origen de muchas contiendas. Por amor se produjo el rapto de Helena, que desencadenó la guerra de Troya. Aquí nos ceñiremos a un enfoque puramente biológico, suficiente para desvelar numerosos misterios que rodean a ese fenómeno. En su óptica, a la postre, lo único tangible es el placer sexual.

Pero no todo es así de simple. Al abordar los orígenes del fenómeno, se nos multiplican los misterios. ¿Por qué deseamos a una determinada persona? ¿Qué función cumple la sensación de placer? ¿Podría en verdad sustituirse una hora de intimidad con el ser amado por una sinfonía de Brahms o por una caja de bombones?

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Como seducir a un hombre

seducir a un hombreEn primer lugar y antes de pasar a explicaros las mejores técnicas para seducir a un hombre, tenemos que tener muy claro en que consiste exactamente el arte de la seducción. Seducir a un hombre consiste en persuadir su manera de pensar en un momento determinado con el fin de mantener una relación sexual con él o con el objetivo de conservarlo durante un periodo de tiempo mucho más longevo (relación sentimental estable, etcétera).

Dicho esto, ya estaremos listas para comenzar y aprender como seducir a un hombre. Lo primero de todo que tenemos que tener bien aclarado es que a pesar de lo que puedan decir y comentar la mayoría de las personas de este mundo lo primero que le entra a un hombre por los ojos nada más vernos es nuestro físico. Por eso, nuestra principal función a la hora de seducir a ese hombre que tanto deseamos es sacar el máximo partido de nuestro cuerpo vistiéndonos de una forma mucho más atrevida y sensual de lo que lo podríamos hacer de forma habitual.

Todo hombre en este mundo tiene una necesidad sexual que debe cubrir con su pareja o amiga, con lo cual nosotras tenemos que intentar ocupar ese lugar en el rol que más nos apetezca, y creerme, se conocen muy pocos casos de fracaso cuando una mujer ha ido decidida a seducir a un hombre y este le haya rechazado, diría que ninguno.

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El parpadeo

parpadeoSe podría pensar que el parpadeo es sólo un mecanismo automático y repetitivo de cierre de los párpados, con el fin exclusivo de proteger la delicada superficie corneal. Para comprobar que es algo más que esto, colóquese en oscuridad total e imagine una imagen visual: observará que ésta se modifica cada vez que parpadea. El movimiento palpebral, tan simple en apariencia. esconde más de una sorpresa acerca del funcionamiento cerebral para la generación de respuestas motoras.

Se define el parpadeo como el cierre parcial o completo de la fisura palpebral. El cierre de los párpados es el resultado de la contracción del músculo orbi-cularis oculi. inervado por motoneuronas del núcleo motor facial. Las especies con membrana nictitante o tercer párpado (casi todas las terrestres, salvo primates y alguna que otra excepción) tienen también el músculo retractor bulbi. que se inserta en el polo posterior del globo ocular y produce una retracción de éste hacia el fondo de la órbita ocular, facilitando el cierre de los párpados. Los párpados se elevan de modo simultáneo por acción del músculo levator palpebrae músculo que se controla por el sistema motor de la musculatura extraocular. encargada de mover el ojo.

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¿Cómo percibimos el mundo?

percepcion del mundoDe entre los múltiples acontecimientos de su entorno, un ser vivo puede registrar sólo aquellos para los que tiene las antenas correspondientes, es decir, células sensoriales que captan un determinado estímulo y transmiten la información recibida al sistema nervioso. Ahora bien, no todos los animales están dotados de los mismos órganos sensoriales. Aunque casi todas las especies poseen órganos del gusto y del equilibrio y muchos animales tienen, además, órganos de visión, sólo los vertebrados y algunos insectos pueden oír.

Numerosas especies pueden percibir considerablemente menos que el ser humano, mas otras están provistas de sentidos que nos son del todo extraños. ¿Quién puede imaginarse cómo se orientan los murciélagos valiéndose de los ultrasonidos o cómo ven las abejas la luz ultravioleta? Las palomas mensajeras, las aves migratorias o las abejas cuentan, además, con un sentido magnético; algunos peces llegan a registrar campos eléctricos. Las serpientes cascabel “ven“ en la oscuridad como si portaran una cámara de infrarrojos y, de esa forma, localizan sus presas de sangre caliente.

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